Hoy estuve viendo el programa de Erika De la Vega. Estaban entrevistando a nuestra versión marachucha de Cher: La botoxónica Lila Morillo. A esa jeva hay que reconocerle que ha sabido mantenerse ahí, aunque nadie le pare y aunque todos los días la maten por Twitter, esa mujer sigue en pie como sigue de inmutable su pollina (flequillo). Y entonces me di cuenta que yo de esa señora no me sé sino dos canciones, porque ni la fulana Jaula de Oro te la puedo tararear.
El Moñongo y el Cocotero. Y entonces, al recordar el cocotero (hay que ver lo que hace una semiosis ilimitada), recordé que tengo un problema grave: Hay una invasión de cocos en mi casa. No de prótesis de silicón. De cocos, de esos que vuelan y suenan horrible. Y tengo que andar a oscuras, y escribir a oscuras (como de hecho ahora estoy haciendo) porque si no, los cocos me atacan de forma sádica y absolutamente terrorista.
No sé qué demonios es lo que pasa por mi casa, no sé si es que hay demasiado monte (me imagino que también hay burda de gente que se lo fuma por aquí, pero me refiero a la grama) o es que las lluvias alborotaron a los fulanos insectos. Pero el asunto es que ya me tienen verde los bichitos.
Porque no hay nada más fastidioso que un mosquito revoloteándote por la cabeza mientras intentas dormir... Ahora imaginemos el sonido de un coco sociópata que quiere acabar con la estabilidad de mis nervios. No, así no se puede.
Yo ando en una onda pro-naturaleza, y tal. Pero quiero que los cocos me dejen dormir. Y ahora que lo veo eso de que el "coco" no te deje dormir, como que se vuelve una redundancia. Aunque yo nunca le tuve miedo al coco, sino a mis malos pensamientos. Sí, era así de dramática y puritana cuando era chiquita.
Para mí tener malos pensamientos era pensar en drogas, básicamente. Estaba obsesionada con el tema, tanto que una vez llegué a pensar que mi madre escondía un kilo de cocaína en su clóset, cuando descubrí un paquete de yeso en polvo, porque estaban reparando una vaina en la casa. Hay que ser dramático y Delia Fiallo en esta vida. Hay que ver lo que hace ver demasiada televisión y noticias sin supervisión de un adulto.
En todo caso... Que el único coco que debería perturbarme es el principal, el que sirve pa' pensar, pues. Porque los otros dos cocos, los que están por allá debajo del cuello, esos no me perturban, a diferencia de muchas mujeres de mi país. Esos salieron bonitos y naturales. Proporcionados, pues. Ya tengo suficiente yo con los pensamientos en mi coco, como para que además venga un endemoniado insecto con su aleteo a mil millones de kilómetros por segundo a perturbarme mi insomnio.
Y entonces me di cuenta de que Disney (y Pixar) me volvió a engañar. Es mentira que un coco es así de cuchi como la mariquita de Bichos. Es mentira. Es una falsedad que se ven así de cuchis. ¿Por qué su empeño en engañarme?
Esos panas revolotean muy cerca y yo a ellos no les he visto ni la primera pestaña digna de campaña de rimmel (como el panita de Bichos). Váyanse a fastidiar a otro, porque ya estoy harta de tener que ir al baño con los zapatos puestos en las manos, no vaya y sea que me toque protagonizar una contienda épica contra ustedes. Ahí... ahí sí se me va el espíritu verde.
PD: Este post fue escrito bajos los efectos del nerviosismo por un posible ataque de un coco kamikaze. Por eso la inconexión y evidente locura de madrugada.
Porque hay demasiadas complicaciones, demasiados vicios, demasiado sobrepeso, mucho tráfico y muchos peatones. Pocos vagones para tanto usuario del Metro. Muchas curvas para simples y básicas manos. Vamos a jugar a ser sencillos.
miércoles, 23 de mayo de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Mi propia alfombra gris
Por vueltas que da la vida, esta semana ha sido una demencia. De hecho, desde que renuncié a mi trabajo, y me liberé de ese yugo de estar laborando que si 12 horas (se sentían como tales), tengo más cosas en mi agenda que antes.
Entre esas cosas, esta semana volví a mi universidad y volví a estar en contacto con cosas que había dejado bien empolvadas. Fue medio demente la cosa. Primero, porque eso de que nadie te conozca en un sitio donde pasaste 5 años de tu vida panzonenando, dejando que te picaran los mosquitos, huyéndole a las ratas y haciendo teatro (viviendo un poco), es como raro.
Eso de que sólo dos personas te reciban con la emoción de no verse desde hace mucho tiempo, y que los demás te miren como "¿y esta jeva, quién es?", es horrible. Porque yo miraba así a los viejos de mi tiempo, a esos que se habían ido del grupo de teatro y que ya eran viejos. Por principios lógicos, yo soy una vieja, entonces. Y eso me traumatiza.
Pero lo más raro de todo, fue estar ahí sin las personas que corresponden. Sí, fue bello ver a los pocos conocidos que vi, que me quedan por allá. Pero ese cajón escondido en esa universidad, ese cajón con alfombra gris no es lo mismo sin la gente con la que yo compartí todo lo que compartí. Lo siento.
Evidentemente, es porque no conozco a nadie. Pero es raro sentirse extraña en un sitio que fue tan mío durante un buen tiempo. Es un poco lo que siento ahorita con respecto a Venezuela. Me siento extranjera en mi propio país, siento que ya no pertenezco.
Es raro. De cierta forma no me hizo sentirme mal. Me hizo entender que hay momentos para todo, y que el sentido de pertenencia también te lo dan los otros. Debe ser por eso que ahora yo soy un poquito más del mundo. Porque tengo pedacitos que me pertenecen por varias partes.
Sin esos pedacitos, incluso con quienes tuve conflictos, esa experiencia no hubiese sido la misma, no hubiese sido igual de sabrosa. Cada una de esas personas hacen una buena porción de lo que es mi propia alfombra gris.
Pero demasiado romántico se está poniendo todo. Lo jodido es que ya pasaron 4 años desde que me fui de ese sitio. Lo jodido es que ese bebé de pecho me miran como si yo fuese una anciana que estuvo en ese grupo hace mil años. Lo jodido es que ahora soy una de las viejas.
Entre esas cosas, esta semana volví a mi universidad y volví a estar en contacto con cosas que había dejado bien empolvadas. Fue medio demente la cosa. Primero, porque eso de que nadie te conozca en un sitio donde pasaste 5 años de tu vida panzonenando, dejando que te picaran los mosquitos, huyéndole a las ratas y haciendo teatro (viviendo un poco), es como raro.
Eso de que sólo dos personas te reciban con la emoción de no verse desde hace mucho tiempo, y que los demás te miren como "¿y esta jeva, quién es?", es horrible. Porque yo miraba así a los viejos de mi tiempo, a esos que se habían ido del grupo de teatro y que ya eran viejos. Por principios lógicos, yo soy una vieja, entonces. Y eso me traumatiza.
Pero lo más raro de todo, fue estar ahí sin las personas que corresponden. Sí, fue bello ver a los pocos conocidos que vi, que me quedan por allá. Pero ese cajón escondido en esa universidad, ese cajón con alfombra gris no es lo mismo sin la gente con la que yo compartí todo lo que compartí. Lo siento.
Evidentemente, es porque no conozco a nadie. Pero es raro sentirse extraña en un sitio que fue tan mío durante un buen tiempo. Es un poco lo que siento ahorita con respecto a Venezuela. Me siento extranjera en mi propio país, siento que ya no pertenezco.
Es raro. De cierta forma no me hizo sentirme mal. Me hizo entender que hay momentos para todo, y que el sentido de pertenencia también te lo dan los otros. Debe ser por eso que ahora yo soy un poquito más del mundo. Porque tengo pedacitos que me pertenecen por varias partes.
Sin esos pedacitos, incluso con quienes tuve conflictos, esa experiencia no hubiese sido la misma, no hubiese sido igual de sabrosa. Cada una de esas personas hacen una buena porción de lo que es mi propia alfombra gris.
Pero demasiado romántico se está poniendo todo. Lo jodido es que ya pasaron 4 años desde que me fui de ese sitio. Lo jodido es que ese bebé de pecho me miran como si yo fuese una anciana que estuvo en ese grupo hace mil años. Lo jodido es que ahora soy una de las viejas.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Epifanías de fin de semana
Creo que este post es de un revelador en medidas inceíbles. Resulta que, como ya había comprobado, a mí se me unen personas bastante particulares en la vida. Lo sé desde hace ya algún tiempo, y dedicándome al teatro, no puede ser de otra manera. El mundo está lleno de locos, pero cuando haces teatro no te da miedo expresarlo.
Y pues sí, me rodeo de locos. Lo encuentro más entretenido. Los nuevos hallazgos se reúnen todos los fines de semana en un taller de canto al que estoy asistiendo. Una maravilla ese poco de gente extra talentosa que está ahí. Es súper interesante ver cómo cada vida necesita una forma de expresión. Y esta vez esa forma es por medio de la voz, de la voz que canta. Glorioso. Yo me creo un poco el gallo claudio cuando estoy ahí, porque eso de tener la voz de Kristin Chenoweth como que no me vino en el ADN.
Sin embargo, es rico encontrar tu tono, es rico encontrar tu voz de canto y darte cuenta, poco a poco, de que puedes hacer algo así como cantar. Creo que la mayoría de la gente en ese taller está en las mismas condiciones que yo. Y eso lo hace aún más rico.
El asunto es que tripeo haciendo locuras por la vida. Haciendo ese tipo de ejercicios que si alguien "normal" viese por un huequito, juraría que son parte de un ritual de alguna secta satánica. Quienes estuvieron conmigo en mi etapa universitaria saben que eso de pertenecer a "sectas" como que me encaja bien. Porque al parecer, si haces teatro, eres sectario.
Pues seré sectaria entonces. No queda de otra.
Entre esas locuras que me pone delante la vida hay 3 que se me hacen absolutamente disfrutables:
La primera: Una de las nenas del taller es una pichurra de 16 años (perturba un poco eso de que yo le lleve 10 años a alguien), que está fascinada porque está rodeada de "locos" y puede ser "loca" con nosotros sin que nadie la juzgue. Eso me da como un fresquito sabroso. Eso me recuerda cuando yo también era así. Es rico ver gente pura, todavía. Es rico ver cómo reacciona como niño en Disney ante lo que ya para mí es absolutamente normal. Me tripeo a la nena. Y me tripea más que quiera escandalizarme diciéndome en un ejercicio que somos "novias lesbianas" y que, al ver mi absoluta naturalidad en la reacción, sea ella quien se descoloque. Me divierte su pureza y me conmueven sus emociones absolutamente orgánicas que sacan lagrimones en todos los demás. Me tripeo a la panita.
La segunda: Hay otra chama en esta reunión de locos que, estoy convencida, nació de un manantial de El Ávila. No puede ser de otra manera. Yo sé que ella salió del agua cual Venus de Boticelli. Ella tuvo que haber salido, no sé si de una concha, pero tapándose sus partes con la melenota que se gasta. Tú la ves y dices "esta pana es verde", así, de color verde. Es como una ninfa a la que alguien le dijo que se tenía que vestir, pero esa pana es naturaleza pura. Y me la tripeo muchísimo porque se la pasa sonriendo. Porque suelta frases demasiado inteligentes sin darse cuenta y porque da sus conferencias sobre vaya usted a saber qué brebaje que te hace conocerte mejor, sin pretender escandalizar a nadie. Ella es, y ya. Y me recuerda a un personaje de una obra que adoro. Eso de ser natural a uno se le olvida y esta pana lo tiene como mandamiento y credo diario.
La tercera: Ésta razón tiene que ver conmigo. Resulta que al parecer el papel de prostituta de los años 20 como que me va bien (ya, que ya escucho las risas malsanas de varios seres que dirán que también aplica en esta era, pero me vale un poco... me sabe un poco...). Yo me la quería pasar de intensa y lanzarme una de despecho con una de las canciones pertenecientes a Wicked, pieza de teatro musical que amo y adoro con desesperación y desenfreno. Pero no. La misma amiga que me dijo "marica, cambia el diseño del blog", hizo una movida bien jaque mate y, por internet mental, bluetooth o banda ancha intelectual, me dijo "marica, deja el sufrimiento, tripéate la vida." Entonces cambié de canción. Y ahora estoy cantando "When You're Good to Mama", del personaje Mama Morton, representado por Queen Latifah en la película Chicago.
La vaina me va bien. Es una gordita coñuemai que, durante su canción, está vestida de madama de burdel, imaginada así por su protagonista. Al parecer la cosa como que va conmigo. Le arranqué unos aplausos y unso griticos a mis compañeros, y eso para mí ya es suficiente. Obvio, tengo que trabajar la parte técnica porque de eso no te tengo demasiado, pero me da un gustico sacar my biggest mother fucker hen, como dice ella. Me la paso toda la semana en pánico, sufrimiento, hablándole hasta a las paredes de mis complejos.. Por lo menos durante el fin de semana me tripeo ser una desgraciadita con gusto, sin que nadie me critique. Más bien hasta me aplauden, chico.
En dos platos: ¡Qué vivan las putas! Bueno, no. Porque la pasan mal, ojalá no existiera esa figura en la sociedad. Pero sí, ¡qué viva Mama Morton! Porque la pana me saca esa supuesta sensualidad que algunos dicen que tengo y que (ya sabemos) no me creo. Y como estoy en personaje, me lo creo por un ratico.
¡Qué vivan mis fines de semana de abril y mayo! ¡Qué vivan esas 4 horas de olvido del mundo!
¡Qué vivan las Venus del Ávila y la pureza de las emociones!
"Anda, sonríe... Que nadie mira".
martes, 1 de mayo de 2012
Fobias, intolerancias y otras manías
Yo tengo miles de fobias confesas y no confesas. Mis fobias son burda de raras. Yo no le tengo fobia (pero sí asquito) a las cucarachas, por ejemplo. Si toca matarlas, tocó espaturrarlas con la escoba, chancleta, o con el repelente de turno. Le tengo miedo a las culebras, porque las panas no son lo más amistoso del mundo, pero no me da un ataque de epilepsia consciente cuando las veo, simplemente las respeto y si veo una sé que hay peligro. Pero no dejo de dormir por ellas.
Mis fobias tienen que ver con un asunto más de personalidad que de otra cosa. Yo le tengo fobia, alergia letal, a los errores de ortografía, por ejemplo. Qué efectivo es un error de ortografía para bajar la libido. En serio, una persona deja de ser sexy si tiene errores ortográficos. Y pana, cuántos errores ortográficos hay ahorita. A cuenta de corrector de Word, la gente dejó de preocuparse por escribir correctamente, y eso me perturba en medidas estratosféricas. Lo mismo me pasa con los errores de redacción.
Yo estoy consciente de que el español es complicado, que la gramática en cualquier idioma es un tema, pero uno se ve más inteligente por twitter cuando no escribe barrabasadas. En serio. Ya que ahora todo el mundo tiene contacto es por medio de códigos binarios, por lo menos que se haga bien la cosa. Si se manda un mensaje de texto, si se postea algo en Facebook, si se pone algo en Twitter, mira... Que sea correcto. Eso lo ve un montón de gente. Hay tanta gente preocupada por pasar pena en público, por no "hacer el ridículo", y ¿no se preocupan por el ridículo virtual? Yo soy intolerante a los errores de ortografía, pero no a la lactosa (últimamente estoy escribiendo muchísimas cosas que suenan como chinazos).
Mi otra fobia es el asunto de las foticos en el baño con el celular inteligente de turno. Respectiva caderita quebrada, boquita de "muchachito" a lo Mimí Lazo, labios mordidos, o (por alguna razón que desconozco en absoluto) agarrándose la pollina (flequillo)...¿?... Y no olvidemos el simbolito de la paz hecho con los dedos, o el de los surfer, o la paloma (si hacen esto, por lo general sacan la lengua), o lo que quieras... algo tienes que hacer con la otra mano. Yo me perdí en la evolución. En serio.
Aunque debo confesar que a esas fotos no les tengo tanta fobia como a las de las panitas que se ponen de espalda, sacan el culo que no tienen, se ponen las manos en la cintura, y muestran todas las letras del respectivo short (que de short tiene más de cinturón caído o pantaleta grande que otra cosa) que dice "Sexy", "hot" o alguna otra palabra menos directa que el respectivo "soy cogible, vente pa' ca".
O bien, las de las féminas tomándose las fotos en picado: Léase, levantando la mano hasta donde lleguen, apuntando a sus respectivos gemelos de silicón y dejando que aquel flash rebote contra ese plástico hasta que encandile a los habitantes de China.
Pero hay unas fotos que yo nunca terminaré de entender. Yo creo que eso no es una fobia, es uno de esos misterios de fe como la Santísima Trinidad. ¿Cuál es el sentido a tomarse una foto con un perol de cartón con un personaje de una película en el cine? A ver, que a eso no le veo nada de malo cuando se trata de niñitos metiendo la cabeza en el hueco del aparataje de "Donde viven los monstruos" o con algún perol de cartón de alguna película de Pixar... Pero que si ¿una mujer de 40 (o menos, da igual) tomándose una foto como si estuviera besando a IronMan? Me perdí...
No, el súper héroe no está ahí. Robert (papasito) Junior no está ahí. No te va a salvar, mamita. Cero realidad y pura ficción. Repitamos: Efectos Especiales, Ciencia Ficción. No es como que el actor está ahí.
Ha de ser que yo soy un alien. O capaz esas personas encuentran la felicidad en cosas más sencillas. Por eso las aplaudo. Lo que sí tengo claro es que si llego a tener hijos, de verdad, van a vivir envueltos en una de esas burbujas que están de moda ahorita (ésas en las que uno camina en el agua) porque esa vaina de que se estén tomando fotos para pedófilos. Mira, eso, conmigo, no va.
Mis fobias tienen que ver con un asunto más de personalidad que de otra cosa. Yo le tengo fobia, alergia letal, a los errores de ortografía, por ejemplo. Qué efectivo es un error de ortografía para bajar la libido. En serio, una persona deja de ser sexy si tiene errores ortográficos. Y pana, cuántos errores ortográficos hay ahorita. A cuenta de corrector de Word, la gente dejó de preocuparse por escribir correctamente, y eso me perturba en medidas estratosféricas. Lo mismo me pasa con los errores de redacción.
Yo estoy consciente de que el español es complicado, que la gramática en cualquier idioma es un tema, pero uno se ve más inteligente por twitter cuando no escribe barrabasadas. En serio. Ya que ahora todo el mundo tiene contacto es por medio de códigos binarios, por lo menos que se haga bien la cosa. Si se manda un mensaje de texto, si se postea algo en Facebook, si se pone algo en Twitter, mira... Que sea correcto. Eso lo ve un montón de gente. Hay tanta gente preocupada por pasar pena en público, por no "hacer el ridículo", y ¿no se preocupan por el ridículo virtual? Yo soy intolerante a los errores de ortografía, pero no a la lactosa (últimamente estoy escribiendo muchísimas cosas que suenan como chinazos).
Mi otra fobia es el asunto de las foticos en el baño con el celular inteligente de turno. Respectiva caderita quebrada, boquita de "muchachito" a lo Mimí Lazo, labios mordidos, o (por alguna razón que desconozco en absoluto) agarrándose la pollina (flequillo)...¿?... Y no olvidemos el simbolito de la paz hecho con los dedos, o el de los surfer, o la paloma (si hacen esto, por lo general sacan la lengua), o lo que quieras... algo tienes que hacer con la otra mano. Yo me perdí en la evolución. En serio.
Aunque debo confesar que a esas fotos no les tengo tanta fobia como a las de las panitas que se ponen de espalda, sacan el culo que no tienen, se ponen las manos en la cintura, y muestran todas las letras del respectivo short (que de short tiene más de cinturón caído o pantaleta grande que otra cosa) que dice "Sexy", "hot" o alguna otra palabra menos directa que el respectivo "soy cogible, vente pa' ca".
O bien, las de las féminas tomándose las fotos en picado: Léase, levantando la mano hasta donde lleguen, apuntando a sus respectivos gemelos de silicón y dejando que aquel flash rebote contra ese plástico hasta que encandile a los habitantes de China.
Pero hay unas fotos que yo nunca terminaré de entender. Yo creo que eso no es una fobia, es uno de esos misterios de fe como la Santísima Trinidad. ¿Cuál es el sentido a tomarse una foto con un perol de cartón con un personaje de una película en el cine? A ver, que a eso no le veo nada de malo cuando se trata de niñitos metiendo la cabeza en el hueco del aparataje de "Donde viven los monstruos" o con algún perol de cartón de alguna película de Pixar... Pero que si ¿una mujer de 40 (o menos, da igual) tomándose una foto como si estuviera besando a IronMan? Me perdí...
No, el súper héroe no está ahí. Robert (papasito) Junior no está ahí. No te va a salvar, mamita. Cero realidad y pura ficción. Repitamos: Efectos Especiales, Ciencia Ficción. No es como que el actor está ahí.
Ha de ser que yo soy un alien. O capaz esas personas encuentran la felicidad en cosas más sencillas. Por eso las aplaudo. Lo que sí tengo claro es que si llego a tener hijos, de verdad, van a vivir envueltos en una de esas burbujas que están de moda ahorita (ésas en las que uno camina en el agua) porque esa vaina de que se estén tomando fotos para pedófilos. Mira, eso, conmigo, no va.
jueves, 26 de abril de 2012
Marías del mundo, escúchenme
Yo tengo un fuerte pegue con el fuego. No sé por qué, pero a mí el fuego me llama la atención. Y eso se me enfatizó hace unos años cuando tuve que hacer de "fuego" en una obra de teatro. Sí, porque uno empieza desde abajo, haciendo de árbol 3 en cualquier obra, y a mí me tocó hacer de llamita andante.
Lo fino del asunto es que ése fue uno de los personajes que más he disfrutado en el tiempo que tengo sobre las tablas. Porque, en serio, era una llamita andante que movía las manos como si se creyera el pana de Kdabra, sólo que a mí me salía más cool la cosa porque tenía un vestuario muy fino y un maquillaje bastante rudimentario pero que me tripeé una bola y su respectivo mingo. O sea, yo era más cool que Luca porque no era no era un mago emo que lucha contra la iglesia.
En todo caso, que cuando me tocó hacer este fueguito yo era una intensa a la fuerza de la UCAB que se obsesionó con todos y cada uno de los personajes que le tocó representar, y de ahí se vino la obsesión más fuerte con este elemento de la naturaleza. Entonces me di cuenta de que tengo tendencias piromaníacas.
Yo quemo pitillos por diversión y para verle la cara de "esta pana nos va a matar", "vamos a morir todos quemados" a la gente. Yo amo el olor del papel quemado, así, como ese pergamino cursilón que uno hace cuando no tiene cómo hacer una tarjeta/carta bonita.
Entonces me di cuenta de que hay ciertos momentos en mi vida en que me pongo incendiaria. Sí, incendiaria así como las doñas guarimberas de Altamira, incendiaria como estudiante de la UCV lanzando molotov y quemando cauchos frente al Jardín Botánico. Me pongo incendiaria mental y me provoca quemar vivos a ciertos seres, tal como Bart Simpson quema hormiguitas con una lupa.
Últimamente, todos los días como a las 4 de la tarde me pongo incendiaria. Se me salen los fuegos artificiales internos y entro en cortocircuito en el momento en que ciertas personas de mi lugar de trabajo comienzan a hacer comentarios homofóbicos/inmaduros/sexuales... O cuando me hacen comentarios tipo "claro, tú tienes calor porque como tú estabas en Europa" (con la respectiva volteadita de ojos y la lengua casi saliéndose de la boca, por la comisura... Boca e secretaria/cajera/persona que trabaja en un escritorio y tiene una lima de uñas cerca, pues).
Y entonces me di cuenta de que me estoy poniendo incendiaria por cualquier tontería. Y hoy me estalló un dolor de cabeza terrible. Y me fastidié de tener la cara amargada todo el tiempo cada vez que me monto en el carro y me dirijo a mi casa. Me cansé de la agonía que me significa ver a una persona en una moto y pensar que es mala. Me cansé del monotema. Hoy me cansé de estar paranóica, porque uno no puede ir temblando por la vida a menos que esté bajo cero. Y de ese clima no te hay aquí en Venezuela.
Me cansé de estar incendiaria y fosforito por la vida. Por consiguiente, pido a todas las Marías que conozco que vengan a apagarme la vela (no, no fue un chinazo) y me ayuden a bajarle dos y cumplir con el objetivo de este blog. No se lo pido ni a la del Valle, ni a la que echa escarcha ni a la que se le apareció a varios indios, porque ésa es la misma con diferentes trajes de gala y porque estoy segura de que esa panita no me debe tener en su top ten de acciones sociales.
A las Marías, a las que creen que se debieron llamar María, a los Marios, a quien quiera: lo invito a que me ayude. Yo soy divertida cuando me hacen reír, especialmente de madrugada (no, tampoco fue un chinazo).
Yo sé que dentro de poco voy a estar menos explosiva, porque ya me voy de un trabajo donde no soy feliz. Pero todavía quiero recordar esas cosas bonitas.
Lo fino del asunto es que ése fue uno de los personajes que más he disfrutado en el tiempo que tengo sobre las tablas. Porque, en serio, era una llamita andante que movía las manos como si se creyera el pana de Kdabra, sólo que a mí me salía más cool la cosa porque tenía un vestuario muy fino y un maquillaje bastante rudimentario pero que me tripeé una bola y su respectivo mingo. O sea, yo era más cool que Luca porque no era no era un mago emo que lucha contra la iglesia.
En todo caso, que cuando me tocó hacer este fueguito yo era una intensa a la fuerza de la UCAB que se obsesionó con todos y cada uno de los personajes que le tocó representar, y de ahí se vino la obsesión más fuerte con este elemento de la naturaleza. Entonces me di cuenta de que tengo tendencias piromaníacas.
Yo quemo pitillos por diversión y para verle la cara de "esta pana nos va a matar", "vamos a morir todos quemados" a la gente. Yo amo el olor del papel quemado, así, como ese pergamino cursilón que uno hace cuando no tiene cómo hacer una tarjeta/carta bonita.
Entonces me di cuenta de que hay ciertos momentos en mi vida en que me pongo incendiaria. Sí, incendiaria así como las doñas guarimberas de Altamira, incendiaria como estudiante de la UCV lanzando molotov y quemando cauchos frente al Jardín Botánico. Me pongo incendiaria mental y me provoca quemar vivos a ciertos seres, tal como Bart Simpson quema hormiguitas con una lupa.
Últimamente, todos los días como a las 4 de la tarde me pongo incendiaria. Se me salen los fuegos artificiales internos y entro en cortocircuito en el momento en que ciertas personas de mi lugar de trabajo comienzan a hacer comentarios homofóbicos/inmaduros/sexuales... O cuando me hacen comentarios tipo "claro, tú tienes calor porque como tú estabas en Europa" (con la respectiva volteadita de ojos y la lengua casi saliéndose de la boca, por la comisura... Boca e secretaria/cajera/persona que trabaja en un escritorio y tiene una lima de uñas cerca, pues).
Y entonces me di cuenta de que me estoy poniendo incendiaria por cualquier tontería. Y hoy me estalló un dolor de cabeza terrible. Y me fastidié de tener la cara amargada todo el tiempo cada vez que me monto en el carro y me dirijo a mi casa. Me cansé de la agonía que me significa ver a una persona en una moto y pensar que es mala. Me cansé del monotema. Hoy me cansé de estar paranóica, porque uno no puede ir temblando por la vida a menos que esté bajo cero. Y de ese clima no te hay aquí en Venezuela.
Me cansé de estar incendiaria y fosforito por la vida. Por consiguiente, pido a todas las Marías que conozco que vengan a apagarme la vela (no, no fue un chinazo) y me ayuden a bajarle dos y cumplir con el objetivo de este blog. No se lo pido ni a la del Valle, ni a la que echa escarcha ni a la que se le apareció a varios indios, porque ésa es la misma con diferentes trajes de gala y porque estoy segura de que esa panita no me debe tener en su top ten de acciones sociales.
A las Marías, a las que creen que se debieron llamar María, a los Marios, a quien quiera: lo invito a que me ayude. Yo soy divertida cuando me hacen reír, especialmente de madrugada (no, tampoco fue un chinazo).
Yo sé que dentro de poco voy a estar menos explosiva, porque ya me voy de un trabajo donde no soy feliz. Pero todavía quiero recordar esas cosas bonitas.
miércoles, 25 de abril de 2012
No me sé la letra
Yo tengo una relación bipolar con la tecnología. Es como esas relaciones de primer amor que, eventualmente, se convierten en tóxicas. Me parece que aporta demasiados beneficios y maleficios al mismo tiempo.
Hace un tiempo, cuando volví a esto de escribir en un blog, el primer post se refería a cómo nos sumergimos día a día en un mundo lleno de GB, MB, Pines, SMS, etc etc etc. Todo se reduce a siglas y correos electrónicos. Todo se reduce a demasiados códigos binarios.
Y hoy me di cuenta de que de verdad estamos perdiendo humanidad o yo me estoy pasando de hippie. Yo no le conozco la letra a la mayoría de la gente con la que me la paso. Les conozco el tipo de fuente que seleccionan en su correo, o el tamaño de letra, pero no su caligrafía. Y eso es bien injusto porque bastante que nos insistieron a todos en escribir en la fulana letra palmer cuando éramos chiquitos.
Vale, hay gente que no tiene la letra bonita y como que es mejor que escriba por medio de las teclas, pero hay otra gente a la que provoca leerle las letras, las propias, no las virtuales. Hay personas que todavía deberían escribir cartas y llenarlas de cursilerías bonitas o de pensamientos interesantes.
Tengo algunos amigos que todavía tienen la maravillosa costumbre de escribir a pulso en sus cuadernitos privados, pero sería igual de bonito seguir escribiéndole a alguien. Es una manera de ser más personal y menos virtual. Porque ya es suficiente con toda la distancia geográfica que vivimos día a día gracias al éxodo masivo, como para que además también establezcamos distancias con quienes (todavía) tenemos cerca.
No sé, creo que es bonito eso de conocerle la letra a alguien, creo que es bonito imaginarse en qué estado de humor escribió cuando lo hizo porque a veces hasta las hormonas alborotadas se ven en las letras escritas a pulso. Yo creo que mi letra es bastante tímida, por ejemplo. Es chiquitica, medio choreta, y cuando estoy de malas es un monstrete que no se entiende.
También creo que me pasé con la dosis de palmeras que me fumé hoy. Pero de verdad me gustaría recuperar esa costumbre del contacto personal. Aunque sea por medio de una carta.
Hace un tiempo, cuando volví a esto de escribir en un blog, el primer post se refería a cómo nos sumergimos día a día en un mundo lleno de GB, MB, Pines, SMS, etc etc etc. Todo se reduce a siglas y correos electrónicos. Todo se reduce a demasiados códigos binarios.
Y hoy me di cuenta de que de verdad estamos perdiendo humanidad o yo me estoy pasando de hippie. Yo no le conozco la letra a la mayoría de la gente con la que me la paso. Les conozco el tipo de fuente que seleccionan en su correo, o el tamaño de letra, pero no su caligrafía. Y eso es bien injusto porque bastante que nos insistieron a todos en escribir en la fulana letra palmer cuando éramos chiquitos.
Vale, hay gente que no tiene la letra bonita y como que es mejor que escriba por medio de las teclas, pero hay otra gente a la que provoca leerle las letras, las propias, no las virtuales. Hay personas que todavía deberían escribir cartas y llenarlas de cursilerías bonitas o de pensamientos interesantes.
Tengo algunos amigos que todavía tienen la maravillosa costumbre de escribir a pulso en sus cuadernitos privados, pero sería igual de bonito seguir escribiéndole a alguien. Es una manera de ser más personal y menos virtual. Porque ya es suficiente con toda la distancia geográfica que vivimos día a día gracias al éxodo masivo, como para que además también establezcamos distancias con quienes (todavía) tenemos cerca.
No sé, creo que es bonito eso de conocerle la letra a alguien, creo que es bonito imaginarse en qué estado de humor escribió cuando lo hizo porque a veces hasta las hormonas alborotadas se ven en las letras escritas a pulso. Yo creo que mi letra es bastante tímida, por ejemplo. Es chiquitica, medio choreta, y cuando estoy de malas es un monstrete que no se entiende.
También creo que me pasé con la dosis de palmeras que me fumé hoy. Pero de verdad me gustaría recuperar esa costumbre del contacto personal. Aunque sea por medio de una carta.
martes, 24 de abril de 2012
A fumar palmeras
Pana, yo no sé qué demonios fue lo que pasó este fin de semana, o esta semana y la pasada, pero como que Mercurio está menstruando o está en anfetas. He hablado con varias personas (bueno, "hablado" porque últimamente ya todo se resume a pisar unas cuantas teclas, y eso es lo que llamamos "hablar") y todo el mundo está de mal humor. Incluyéndome.
Tuve un fin de semana particularmente particular. El sábado gracias a las lluvias no pude salir de mi casa (el nivel de desarrollo de este país no te permite salir cuando llueve porque los árboles se caen y se tardan años en solucionarlo) y además se me amargó la tarde por una serie de textos desafortunados que ya ni valen la pena detallar.
El domingo todo iba bello hasta que Mercurio o algún espíritu chocarrero se ensañó contra la vesícula de mi padre y desde ese día no he dormido nada, porque tocó jugar a ser grande, pues. El asunto es que como que todo el mundo ha tenido días de mierda porque he leído varios comentarios de diferentes personas que andan de malas, que quieren mandar todo a donde también quieren mandar al presidente o a la oposición, o en su defecto, quieren darle al botón de pausa del universo.
Yo no sé nada de astrología, no sé cuánto es que dura el fulano Mercurio retrógrado, en anfetas, en coca o con sobredosis, pero ya está como bueno. Suficiente tiene uno con tener que ir paranoico en la calle, agarrándose hasta las pantaletas, no vaya y sea que también te las quieran arrancar, como para también amargarse la vida cuando está en la casa o cuando tiene tiempo libre.
Vale, que algunos problemas son fáciles de olvidar y otros extremadamente difíciles. Sí, absolutamente. Pero hay que hacer un esfuerzo, panita. No es posible que no haya una cajera de buen humor o un mesonero amable en esta ciudad. A la gente como que se le olvidó decir gracias, buenos días, como que todo el mundo se acostumbró a voltear los ojos, o lo que es peor, a no mirar a los ojos. No, brother, las cosas no son así.
O todos nos dejamos llevar por la agresividad reinante, o hacemos algo al respecto. O somos antipáticos y amargados todo el día, o hacemos un esfuerzo por sonreír. Mira que el extraño no tiene la culpa. Las cajas de pago de Mc Donald's dicen que las sonrisas son gratis, y mira, hay que creerle a la gente que domina el mundo, pues, ellos saben lo que hacen.
O nos ponemos todos a evadir que estamos hartos de vivir así, o agarramos la situación en nuestras manos y dejamos de ser tan antipáticos. Por eso propongo que todos nos vayamos a algún parque a fumarnos una palmera (porque hace falta mucho más que un porro para poder volar en esta ciudad) y nos pasemos de hippies por 24 horas.
Porque si no, panita, que te lo digo yo, todos vamos a terminar con la vesícula explotada.
Tuve un fin de semana particularmente particular. El sábado gracias a las lluvias no pude salir de mi casa (el nivel de desarrollo de este país no te permite salir cuando llueve porque los árboles se caen y se tardan años en solucionarlo) y además se me amargó la tarde por una serie de textos desafortunados que ya ni valen la pena detallar.
El domingo todo iba bello hasta que Mercurio o algún espíritu chocarrero se ensañó contra la vesícula de mi padre y desde ese día no he dormido nada, porque tocó jugar a ser grande, pues. El asunto es que como que todo el mundo ha tenido días de mierda porque he leído varios comentarios de diferentes personas que andan de malas, que quieren mandar todo a donde también quieren mandar al presidente o a la oposición, o en su defecto, quieren darle al botón de pausa del universo.
Yo no sé nada de astrología, no sé cuánto es que dura el fulano Mercurio retrógrado, en anfetas, en coca o con sobredosis, pero ya está como bueno. Suficiente tiene uno con tener que ir paranoico en la calle, agarrándose hasta las pantaletas, no vaya y sea que también te las quieran arrancar, como para también amargarse la vida cuando está en la casa o cuando tiene tiempo libre.
Vale, que algunos problemas son fáciles de olvidar y otros extremadamente difíciles. Sí, absolutamente. Pero hay que hacer un esfuerzo, panita. No es posible que no haya una cajera de buen humor o un mesonero amable en esta ciudad. A la gente como que se le olvidó decir gracias, buenos días, como que todo el mundo se acostumbró a voltear los ojos, o lo que es peor, a no mirar a los ojos. No, brother, las cosas no son así.
O todos nos dejamos llevar por la agresividad reinante, o hacemos algo al respecto. O somos antipáticos y amargados todo el día, o hacemos un esfuerzo por sonreír. Mira que el extraño no tiene la culpa. Las cajas de pago de Mc Donald's dicen que las sonrisas son gratis, y mira, hay que creerle a la gente que domina el mundo, pues, ellos saben lo que hacen.
O nos ponemos todos a evadir que estamos hartos de vivir así, o agarramos la situación en nuestras manos y dejamos de ser tan antipáticos. Por eso propongo que todos nos vayamos a algún parque a fumarnos una palmera (porque hace falta mucho más que un porro para poder volar en esta ciudad) y nos pasemos de hippies por 24 horas.
Porque si no, panita, que te lo digo yo, todos vamos a terminar con la vesícula explotada.
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