miércoles, 16 de enero de 2013

Pilatos no debería ser tan "in"

Además de todos los problemas que he dejado aquí expuestos, voluntaria o involuntariamente, yo hoy tengo uno que me aqueja con profundidad, y quiero asumir que se trata de un problema serio. Resulta que mi celular tuvo un ACV. No, ese no es el problema. O bueno, sí, porque me estoy convirtiendo en una autómata del Wall-e World que sólo está pendiente de lo que una pantalla tiene que ofrecer. 

Resulta que el pana es súper malcriado y decidió que se tenía que reiniciar cada tres minutos, porque eso de jugar a Peek-a-boo a él le parece jocoso. Entonces, luego de entrar por todas las facetas habidas y por haber, típicas de estas circunstancias, yo asumí con dignidad su ataque y lo mandé a un rincón hasta que, al día siguiente, pudiese llevarlo al médico. 

Y resultó ser que la medicina sistémica es más efectiva que ir al Mercy West Hospital. Traduzco: al ir a la tienda en donde se supone que solucionarían mi problema, me trataron como si fuese a causarles uno. Y eso es lo que me molesta realmente. ¿Cómo así que tú no le vas a rendir cuenta a la memoria del santo Steve Jobs? 

Fui a la tienda y el pana de "servicio técnico" lo que hizo fue joder más mi situación. Y lo peor es que en Internet ya salía cuál podría ser el rollo, pero él no me hizo caso. Antes por lo menos podía seguir mandando mensajes, ahora ni siquiera puedo usar el celular. Gracias, gordito, por estar pendiente de tu celular (que ni siquiera es de la marca en donde trabajas y lo exhibes sin ton ni son) y de cuadrarte un culito para la noche. 

He ido a otras tiendas Mac en el mundo, y de vaina te lavan los pies al llegar, mientras te hacen una keratina y te ofrecen un té. ¿Entonces, mi rey?

El problema es que aquí no hay cajera, persona que atienda en panadería, ni en ninguna tienda, que te diga "buenas tardes". Y eso a mí me revienta porque yo me niego a perder el sentido de la educación con los extraños. Con los cercanos soy una guarra que ha traspasado todos los límites de confianza pensables por la mente humana, pero...un poquito de por favor... La gente del día a día no tiene por qué enterarse de quién soy, pana. La gente tiene que mantener un poquito de cordialidad. 

¿Por qué te tienen que mirar feo y voltearte los ojos de una vez? ¿Qué tanto costará decir "gracias, buenos días/tardes/noches", "a la orden"? No entiendo cómo es posible que sea más fácil publicar en un estado de Blackberry que amas el mundo, que amas a tu novio y no sepas decir gracias. No entiendo en qué momento decir "te amo" se convirtió en algo más sencillo que agradecer por un buen servicio.  Eso habla mucho de la bipolaridad social venezolana.

Yo entiendo que en ciertas horas es difícil estar de buen humor, pero ¿todo el día? ¿a cualquier hora? ¿en cualquier canal? No, mi reina, eso no es así. 

Para más, mando un correo quejándome (ilusamente pensando que alguien podrá seguir el ejemplo de Lego y mandarme ochenta productos Apple para aplacar mi ira) y lo que me dicen es, básicamente, lo mismo que me dijeron ayer: "vaya a donde fulano, nosotros no podemos responder por eso"

Pilatos debería pasar de moda en algún momento. Porque así funciona y ha funcionado siempre esta taguara bolivariana: aquí nadie tiene la culpa y todos bajan la santamaría con el aviso de "siguiente ventanilla", hasta que se acaban. 

En algún momento tendré el valor de decirle a alguien que me trate mal que me cuente sus penas, que yo escucho burda a la gente, pero que me sirva el café con amor y me le haga uno de esos diseños de florecitas que se ven tan lindos en la espuma. Yo sé que estamos en la ciudad de la furia, pero más fúrica se va a poner si nosotros seguimos así. 

Me rehúso a dejar de decir gracias, aunque no me contesten. Pero cada día se hace más difícil la cosa. Sin demasiadas moralejas tampoco, que al final cuando no me brindan un buen servicio, lo que hago es dejar monedas de propina. No es un asunto de creerse superior, o no. Nada más alejado de la realidad. Si yo edito bodas y ese es mi trabajo, lo hago bien. Si usted atiende clientes, ese es su trabajo, hágalo bien. No me lance panes con cubitos de mantequilla en la mesa como si usted fuese Magallanero y se enteró de que yo soy de los Leones. Haga el favor. 

Si usted trabaja en una tienda Mac, usted tiene que ser Sheldon Cooper. Y punto. Y si metió la pata, asuma su barranco (la escritora se lo repite a sí misma hasta la saciedad). Si no puede ayudarme con mi problema, al menos llame a quien lo puede hacer, frente a mí, y hágame sentir que le importa lo que me pasa. 

Eso es lo que falta en esta guarandinga, conciencia y respeto por el otro. La gente debería hacer un poquito más de teatro y entender sus reglas básicas, a ver si mejoramos un poco el sentido de la humanidad. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Rituales, échenme una ayudaíta


Ok, en el post anterior hice referencia a que este año que pasó no pedí los deseos con cada uva, sino que los quemé en un papel donde escribí lo que espero que se me cumpla para el año que viene. 

Estemos claros, yo no creo en muchas cosas. Yo creo que mi hermana del medio va a terminar teniendo un spa donde le acomode los chacras a la gente, de acuerdo con la última teoría del Feng Shui Tibetano del norte de la nalga de Buda, pero yo no soy así. 

Lo que pasa es que diciembre cambia a la gente. Y este diciembre que pasó, fue bien raro. Los últimos diciembres que he tenido han sido así, raros. Y eso es porque estoy creciendo y estoy dejando de ver el elefante dentro de la boa. Yo estoy empezando a ver sombreros. 

Entonces eso no puede ser. Y punto y se acabó. 

El 31 me despeté de malas y ese mal humor me duró hasta justo antes de empezar a comerme las uvas. Que más que uvas, parecían manzanas de Liliput. Yo tuve que comerme eso cinco minutos antes de las doce (a pesar de la típica discusión de mis familiares que se resumen en "comerse las uvas o no comérselas cinco minutos antes, he ahí el dilema.") porque, en efecto, quería llegar viva al 2013, y no con una de las frutas en cuestión atravesada en el "güergüero".

Entonces ocurrió el primer milagro de año nuevo: Me puse de buen humor. Y empezaron un montón de rituales que dejarían a Abigail Williams y a todo su clan de Salem dando vueltas sobre su mismo eje. Las panas ya me mandaron un correo para que les haga un taller. 

Yo sufrí un ataque de lentejas voladoras, no sé ni para qué demonios, pero me hicieron un "baño de lentejas". El previo rocío con esencia de mandarina que me dejó oliendo a Mistolín se quedó llorando con su mamá, al lado de este episodio. Basta decir que luego de ir al baño, una vez pasada la euforia, se creó la nueva maravilla del mundo: las cataratas de Patricia, llenas de lentejas por todos lados. 

Por supuesto que salí enardecida a correr con las maletas y di cuantas vueltas pude. Crucé la línea de fuegos artificiales varias veces, y en cierto punto sentí que los globos de los deseos de los vecinos me estaban diciendo que en verdad soy hija de unos reyes y que mi "madre" es Madame Gothel. No sé en qué posición dejaría a mis hermanas esta verdad, pero fue lo que yo sentí. 

Cuando fui a quemar los fulanos deseos, el momento intenso se vio opacado por el simple hecho de que el fulano papel no se quería quemar, así que tuve que pasarlo por un velón como ochenta veces, bajo la lluvia de lentejas y los cohetones explotando. Igual fue místico. 

Cada lola tuvo su respectivo ritual. En la izquierda me metí un billete extranjero; no sé si con esto le estoy diciendo al mundo que quiero un extranjero millonario (por aquello de que me puse el billete al lado del corazón), o que el mundo me va a mandar a un intenso izquierdista que consiga plata en el mercado negro. Yo lo hice porque quiero plata, y ya. 

Y en el otro lado me inventé una nueva y me puse un condón. Sí, un condón. 

Si la gente cree que porque se convierta en una lluvia de lentejas va a tener abundancia, yo puedo inventarme una nueva tradición y meterme un condón en el sostén, en la lola derecha, para acabar con mi verano. Capaz y termino teniendo una buena noche con un carajo de derecha, esa gente tiene dinero. Entonces se anularía el deseo de mi otro seno. No sé. El punto es que lo hice porque me pareció divertido y porque si voy a tener una buena noche, va a ser responsablemente (mami, te quiero). 

Y entonces después comimos lentejas, pero cocidas, ya no sé ni por qué es que se come eso. Ultimadamente, chico. De algo tuvo que servir ese montón de expresiones paganas, porque al final de la noche fui la única que se quedó con sus tacones bien puestos. 


A lo que iba, que esa parte de la noche me divierte, aunque no crea (o sí crea un poquito en el fondo). En esa parte de la jornada me vuelvo una niña de nuevo, veo elefantes, veo planetas, veo los fuegos artificiales como si estuviese viendo la última maravilla del mundo, en lugar de ver cómo se quema dinero en el aire. 


Y pasan una, dos, tres horas... Y entonces me doy cuenta de que se me olvidó desear que los cohetones del demonio sólo duren hasta las dos y media, como demasiado. 

Para el próximo año, esparciré la sangre de un dragón que haya follado con un unicornio sobre uno de esos juegos pirotécnicos, a ver si me dejan dormir tranquila. 



Resumiendo

El año pasado no escribí durante buena parte de la época "de-sembrina" (ya sé que el chiste está repetido, pero me sigue pareciendo bueno mencionarlo) porque tuve el mejor viaje de mi vida. Este año no lo hice porque me puse intensa y me alejé del mundo por un rato. 

Y es que sólo a mí se me ocurre ponerme a leer -en este momento del año que se supone que es feliz, lleno de escarcha, y demás- el nuevo libro de Ibeyise Pacheco y uno llamado "Los Hornos de Hitler", cuya autora es una sobreviviente de Auswitchz. 

Luego de perder la fe en la humanidad y saber que el fin del mundo llegó desde antes del fulano 21 de diciembe de 2012 (e igual siento que los Mayas me estafaron), decidí que ahora voy a leer Harry Potter, porque no, no me he leído la saga. Yo siempre llego tarde a las modas, no soy trendy, lo siento. 

En todo caso que asumí estas semanas como un período para hibernar absolutamente. Creo que tengo un poco más de pelo y todo; no hice otra cosa más que levantarme y acostarme muy tarde, leer, hacer zapping de 800 canales que no tienen nada demasiado interesante para ofrecer (más allá de los maratones de The Big Bang Theory y Friends, gracias Warner, que Bugs Bunny te bendiga siempre) y pensar, pensar mucho. 

Ya seguro que todo el mundo posteó sobre lo que fue su año, y yo, como siempre, llego tarde al asunto. Pero es que resulta que este año para mí fue tan particular, que necesitaría como 30 posts más para poder contar todo. 


Así que, simplemente, mi año se resume en: 

Empecé en otro país, me fui, lloré, volví a Venezuela me y deprimí por la inseguridad; entré en un taller de Teatro Musical que hace de mis tardes una absoluta felicidad a pesar de mi cara de miembro posterior bajo; empecé un curso de locución que me hizo darme cuenta de que el personaje de jeva antipática y ácida se me da bien; fui a Disney, fui feliz, volví, se me incrementó la paranoia; me presenté en el teatro de Chacao y mis lolas exigieron su protagonismo; perdió Capriles, cumplí años, volvió mi mejor amiga y no la veo demasiado, perdí un par de zarcillos y la dignidad con ellos, seguí adelante; consolidé amistades, la pasé mal (y también la pasé muy bien) en el medio en el que me quiero desenvolver, aprendí de esas malas pasadas aunque nunca lo hablé realmente; entendí aquello de que "la confianza da asco" con mi mejor amigo; retomé contactos con gente fina en los últimos días del año, empecé a escribir en Mujeres del Siglo 21, tengo dos sobrinos que viven en el país y me tienen más babeada que una Miss por una torta de chocolate, me comí las doce uvas y no deseé nada, sino que quemé los deseos que escribí en un papel.... 

...Me harté de los fuegos artificiales hasta las 7:00 de la mañana. Gracias, vecinos, son unos cuchis. 

Y me di cuenta de que nunca he considerado un año como algo increíble, así que por lo pronto, veré qué hago para mejorar esa actitud. Creo que pasar fines de semana viendo películas, o yendo a la playa (en la medida de mis posibilidades) podría ayudar... Creo que ir más al cine, al teatro (irónico que no vaya casi al teatro), también podría ayudar. Tal vez haga un podcast, tal vez me lance con eso de la radio, capaz y me lanzo a la inútil tarea de echarle los perros a Johnny Depp, no sé.

Los únicos propósitos que tengo claros son: aprender a manejar (no, tengo 27 y no sé manejar porque me da pánico), ir a los diferentes doctores que tengo que ir y hacer un montón de papeleos de gente grande. Aburrido, lo sé, pero es que ya le pondré sazón a mis visitas al médico y mis diligencias, para poder postearlas aquí. 

De resto, no me voy a poner a prometer nada, porque en un país como éste, que exige por Twitter ciertas verdades, pero no amanece para votar (pero sí para aprovechar el GOS de Beco), en este Macondo en el que vivo, nunca se sabe si mañana te sale un rabo de cochino y te mueres por eso, o si te agarran en una esquina. En este país las promesas están como demasiado puteadas. A vivir día a día, a cambiarse el look, a sobre-vivir. 

Para mí, no queda de otra. A menos que venga un duende, una lechuza, algo, y me traiga una carta de la Universidad de Shiz (porque Hogwarts está bien demandada y soy realista), a mí lo que me queda es encontrar en la simpleza (sobre todo en Venezuela, simpleza... ¿De verdad?)  de mi realidad, la bonitura del asunto. 

Ah, y también vi Azul y no Tan Rosa, dos veces. Lloré como una pendeja. Gracias por eso, Miguel Ferrari. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

De esas semanas chéveres


Creo que no me puedo quejar esta semana. Sin duda, mi rutina no es tal. Vivo en un país donde dar una pestaña por sentado es un craso error y dejar los sueños para el día siguiente es un absoluto riesgo (o estupidez). 

Vivir en Venezuela no es de héroes ni de mártires, es de venezolanos y punto, pues. Y esta semana que termina mañana (o no, porque yo sigo activa los fines de semana, y no del modo mini-falda y trago de ron en mano, sino en el modo ensayo) fue como chévere. 

Asumo dignamente que estoy metida en un montón de cosas, eso de definirme con sólo un área me parece igual de aburrido que una ameba con narcolepsia.

Entonces yo le meto a la edición, a la actuación, a la locución y a todo lo que pueda hacerme sentir medianamente creativa. A lo único que no le meto es a un hombre, por ahora. Pero será porque estoy ocupada, o no sé, no me voy a poner a pensar en eso hoy. 

El asunto es que esta semana me gustó: primero porque tuve mi momento fabuloso cuando la dueña y señora del poliedro y del jamón Plumrose me llamó, y luego, hoy. Admito absolutamente que, a pesar de todo lo que implica mis jueves, los disfruto un montón. 

Mis jueves empiezan a media noche cuando inicia mi lucha con un internet nefasto, unos pendrives endemoniados y un montón de ideas por plasmar, que se convierten en algo así como un programa de entretenimiento por internet que se llama Jarabe de Lengua. Entonces me acuesto a las 4:00 a.m. porque el internet no termina de funcionar, los archivos no se montan en dropbox y los pendrives deciden jugarme una de tricks (sin los treats) durante toda la noche. 

Todos los jueves, Quasimodo (ya hablaré de él más adelante), mi vecino, decide atormentarme más que de costumbre. Hoy fue mucho más especial, los (otros) vecinos decidieron que una buena hora para comenzar las remodelaciones de su inmueble era las 7:00 a.m. Cuchis. Les voy a regalar una bota de Navidad llena de caramelitos y muñecos de jengibre. 

Agotada, reventada, malhumorada, me despierto y empieza el stress respectivo de un día en el que te toca transmitir un programa que tal vez nadie escucha, pero que te sigues tomando en serio, porque para algo te tiene que servir tu voz de macho y tu sentido del humor auto y alter crítico. Nunca se sabe si alguien dice que tienes talento y te da un chance. 

Y hoy mi semana cerró con broche de oro al conocer a Toto Aguerrevere. Increíble la capacidad de risoterapia que tiene ese ser. Increíble. No dejé de reírme durante toda la entrevista y es rico sentir que quien lees con frecuencia es igual en persona. Eso es divertido e inspirador. 

Rescato momentos claves de la entrevista (que lamentablemente no pude grabar,) como la referencia a esa terrible necesidad de los venezolanos de seguir haciendo amigos secretos en la época "de sembrina". Ya él hablará de eso en su blog. Rescato la pregunta que le haría a Dios, si en efecto existe, cuando muera: "¿qué pasó con mi cabello?", y, por supuesto, cuando dijo que le hubiese encantado ser actor. Eso le dio un lugar en mi corazón por apreciar al gremio. 

Entrevistar a ese pana es, como él dice refiriéndose al momento estelar de Chataing y De La Vega con Capriles, sentir que estás tomándote unas birras con un amigo. Rescato demasiadas risas y las palabras finales fuera del aire: "ojalá todas las entrevistas fuesen así.". Cuchi, chico. Eres el ídolo 2.0 de esta generación.

Hablar con él, además de dejarme su firma en el libro que, evidentemente llevé para demostrar lo "yo te leo" que soy, me recordó los proyectos que tengo en mente y que quiero sacar adelante. Porque uno te puede ser un "todero con caché" y ser feliz. Y dejar eso para más adelante suena muy poco práctico. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Mi momento fabuloso

Ok. Ya va. Espérate un momentico. Yo estoy como si acabara de recorrer toda la muralla China trotando. No tengo aire. Pere, pere, papito (Como diría Andrés López).

Es que resulta que yo acabo de tener un momento Hollywoodense, o lo más cercano a ello. Yo no soy de las personas que viaja y se consigue a Javier Bardem con Penélope Cruz caminando por la calle como si fuesen seres normales. Yo soy de las que se consiguió en su momento a A.5 en el Sambil, porque se la pasaban ahí metidos. Y cuando finalmente vi a Servando y a Florentino, ya no me gustaban (estaba despechada porque Florentino estaba empatado con Cristina Dieckman, y decidí sacarlo de mi corazón. Además lo vi fumando y eso me desilusionó. Con qué moral lo digo ahora). 

Yo no soy de las que tiene fotos con gente que salió en Harry Potter, ni con Jack Nicholson, ni con Johnny Depp. Me encantaría lanzarme algún día una de entrevistadora de famosos, porque esa suerte no la he tenido cuando he viajado. Si yo llegara a conseguirme a una de esas personas en la calle, que me da un patatús. No tengo suerte con las celebridades internacionales ni con las nacionales tampoco. Aunque debo decir que he conocido a algunas por cuestiones de trabajo. 

Pero hoy tuve mi momento más cercano al mundo del glamour, y de qué manera. Maite Delgado me llamó. Me llamó. A mí. 

Aplausos y Risas, poliedro. 

Yo la había contactado para invitarla al programa de radio por internet que estoy conduciendo/produciendo/haciendo-de-todo, y ella, tan cuchi y digna como sus largas y perfectas piernas, me devolvió la llamada. 

Estaría sin menos aire si la historia tuviera un final (más) feliz. Porque ya el final feliz lo tiene desde el principio: esa mujer me llamó. Punto. Ya puedo caminar sintiendo que ella está diciendo que tengo un drapeado en forma de cascada con corte de sirena, y mi falda está bordada con 1500 cristales de Swarosky.  Es una mujer ocupada y no podrá ir al programa, por ahora. Pero la mujer (porque merece cada una de las letras de esa palabra, ella no es una jeva) me llamó para decirme que no podría. Coño, y yo me siento feliz porque Maite Delgado me declinó una invitación a mi programa. 

Porque esa mujer es tan digna y espectacular, que tú le escuchas el "Aló" y ya oyes a todo el poliedro aplaudiendo, ¿me explico? Tú la escuchas decirte que no puede, y tu le quieres besar los pies. Yo hablé con Maite, me dijo que no. Y le agradezco que lo haya hecho, porque no tengo ropa lo suficientemente fabulosa como para conocerla, todavía. 

Ya nos encontraremos. Por ahora, mi momento del día ha sido ver el "Maite Delgado Llamando" en la pantalla de mi teléfono. Eso a uno no le pasa todos los días, y menos cuando está en proceso de edición de la boda de una ex-Miss Venezuela. Mi sitcom se escribe solito día a día. 

A comer jamón plumrose y a comprar un aire acondicionado Premium. No, pana. Un momento así de fabuloso no se deja de compartir. Me siento como Alicia Machado cuando ganó el Miss Universo, con la misma manito en la cara y todo. 

PD: Para quienes no lo saben, mi programa por internet se llama Jarabe de Lengua, sale por www.radiosinprecedentes.com, los jueves a las 2:30 p.m. (Hora de Venezuela). Sí, estoy haciéndome una cuña. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Timón no baila gaitas


A mí que nadie trate de engañarme, esta Navidad se siente muy rara. No se siente Navidad como tal. Más allá del hecho de que Santa haya vomitado en mi casa, a mí eso del espíritu navideño y el olor a hallacas no me ha llegado. Se siente súper extraño. 

Eso lo vengo sintiendo desde hace un rato, pero hoy tuve una pequeña puntadita de eso que suelo sentir en otros años, y fue porque escuché gaitas. El año pasado, pasé las de Caín tratando de explicar en inglés qué carrizo es un furruco (it's like a drumb with a hole in the middle, a big cane inside, and you have to do like this *movimiento furruquero* to make it work) *leer esto con acento de Sofía Vergara*. 

Este año paso las de Abel para encontrarle la emoción a un año que comenzó en otras latitudes y termina, al parecer, con menos esperanzas. 

Pero entonces venía de terminar una cena familiar, cuando me dio por poner una emisora que transmitía gaitas. Por vainas de la vida, estaban pasando "La Moza" de Maracaibo 15. Mi gaita favorita por siempre y para siempre. Y de un tiempo para acá yo suelo hacer una coreografía (a lo bailarina de intercolegiales) cada vez que escucho esa canción. No lo hice, pero sí me puse a pensar en el poco de escarcha que se debe haber gastado en esas pobres criaturas. 

Asumámoslo con dignidad: La escarcha que sobró en la decoración de mi casa se la dieron a esas panas para que se maquillen en sus competencias. A mí las gaitas me encantan, pero las gaitas de verdad. Y me parece fino el concepto de los intercolegiales, pero, seamos honestos, se fueron... Se desviaron del rumbo del bien y las buenas costumbres desde hace rato. 

Este año ya vi que están versionando "Los Hermanos Primera" de Servando y Florentino. Primero, estoy vieja, porque siempre versionan canciones medianamente viejas o demasiado nuevas. Segundo... eh? Lo único que tienen en común es la nacionalidad. Y que probablemente a los Primera les guste echar un pie gaitero en diciembre, después de las uvas, quién sabe. 

Pero aquello de versionar hasta Danza Kuduro en gaitas es como demasiado, ¿no? Los intercolegiales se están convirtiendo en una versión amateur de Pitbull. Ese pana agarra temas que en su momento fueron un exitazo, les mete puki puki, pone a cantar a Jennifer López, y listo. Se mete un montón de plata. 

Lo que les falta a las eternas ganadoras de estas competencias es decir "Dale", y ya.

Además que todo el tema del vestuario siempre ha sido que si un issue en mi vida. I mean... existe la semiótica, existen los símbolos y los códigos y todo se relaciona. ¿Cómo así que el concierto de un grupo de gaitas empieza con la canción que da inicio al Rey León? ¿Cómo así que las bailarinas están vestidas de Timón, Pumba, las Hienas, Scar, Nala, Mufasa y los monitos que arman ese alboroto al principio? ¿Desde cuándo Simba y Rafiki se parecen a Betulio Medina o a Neguito Borjas?

Yo me quedé en el aparato, mi hermano. Esto pasó de ser una tradición que se basa en un género musical típico venezolano a convertirse en las Nationals, Sectionals and Regionals venezolanas de un show parecido a Glee. Y me imagino que por ahí debe andar una Sue Silvester que les manda a todas a comprarse esos zapatos Capezio y a rebajar y comer lechuga antes de la primera presentación. 

¿Qué pasó con la bonita tradición de bailar gaitas como lo hacían todos los artistas en las cuñas navideñas de RCTV? Así, parado de ladito, echando un pie pa' lante y el otro pa' atrás en constante bamboleo. ¿Desde cuándo la vaina combina con break-dance? Globalización, qué miedito. 

No, brother, yo me quedo con el "Virgen de las Nieves, Virgen de la Paz, estrella que alumbra a la humanidad" de la mejor cuña navideña de todos los tiempos. Yo nunca pertenecí a un grupo de gaitas porque mi colegio era bien aburrido. Pero tampoco les tengo envidia. Me parece muy fino, obsesivo... pero fino. Pero panitas, mantengan la coherencia. Timón nunca echaría un pie con Amparito.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Santa vomitó en mi casa

Yo creo que la historia de Jack Skellington (The Nightmare Before Christmas) fue creada, en realidad, cuando Tim tuvo una epifanía y vio a mi madre en sus sueños. Estoy plenamente convencida de que mi mamá se quiere robar la Navidad del mundo, porque no existe otra explicación para que desde ya tengamos la decoración lista y, además, la casa parece haber sido atacada por un Santa Bulímico que vomitó cada uno de sus rincones.

En mi vida había visto la casa tan dorada. Es decir, estoy acostumbrada a estos ataques navideños, pero este año como que la luz rebota por todos lados. Para imaginar mi casa en este momento, sólo hay que imaginarse absolutamente todos los tarantines que se arman para vender artículos alusivos a la época, juntos. 

Yo amo la Navidad, de verdad que sí. De hecho una de las cosas que más extrañé el año pasado fue no poder ver mi casa vomitada por Santa, tal vez por eso este año me parezca tan pintoresca. Es decir, al infinito y más allá de lo pintoresco. 

¿Christmas Freak? No, el siguiente nivel. Ése es el nivel al que pertenece la mujer que me parió. Además que en serio el tema del dorado se pone como de manifiesto este año, para no poner tanto rojo. Asumo que es un asunto intencional, o que el rey Midas vino de noche. Ya traté de comprobar esta segunda teoría, y no... Ninguna decoración está hecha de oro, así que no puedo sacar provecho. 

Por supuesto, en este época del año uno se da cuenta de que el término de globalización no llegó con internet. Esa vaina llegó con Coca-cola y su Santa rojo. Porque toda la vida los venezolanos han dividido su casa en diciembre en la sección criolla, y la sección imperialista. A saber: arbolito y nacimiento/pesebre. 

Y como el imperio domina al mundo, por eso hablo de globalización. Ése es un hogar común venezolano, el que tiene estos dos ambientes claramente identificados. Y ahí es cuando me doy cuenta de que mi mamá es una mente más avanzada que no sólo quiere conquistar la Navidad entendida desde el red, gold and green (Karma-Karma-Karma-Karma-Karma-Chameleon), sino que también se quiere apropiar de la tradición cristiana preponderante en Venezuela. 

Mi mamá ocupa la mitad de la sala con un pesebre que, de vaina, cuenta la primera vez que Jesús hizo pipí en su ¿vacinilla? o bueno, sin pañal de tela, pues. No conforme con eso, la jeva tiene cerca de 200 nacimientos (no es joda) de diferentes tipos, colores y tamaños por toda la casa. Entiéndase toda la casa como que hasta en los baños hay una escena de la natividad. Y cuando empezamos a comprar los regalos, no hay espacio para caminar porque entre el pesebre, los pesebres, los vómitos de santa y el poco 'e cajas, uno teme pisar a papá pitufo en cualquier momento, o a algún Niño Jesús de alguno de los 842348 nacimientos que mi madre colecciona. 

Uno no sólo te me hace malabares con el dinero en esta época "de sembrina", sino que también anda como en una cuerda floja por toda la casa. Porque para mi mamá, pegarle a un nacimiento es peor que que nos peguen a nosotras. Y si le pasa algo al Niño Jesús, sale de una vez mi Nana a sintonizar TV Familia buscando la solución a semejante catástrofe. 

En fin, que por lo general este jolgorio de escarcha y flores de Navidad de plástico llega un poco más tarde a mi casa. Y yo me tardé más de un año en recordarlo. Y lo único que me recuerda esa llegada de los problemas alimenticios de Santa,  es que no tengo plata para comprar el montón de regalos que se vienen.