domingo, 29 de julio de 2012

No, it's not that kind of call

Yo debo tener algún desorden psicológico que tienda al suicidio doloroso, lento y tortuoso. Estas últimas semanas no han sido más que un absurdo de tortura, stress y ocupaciones varias, de las cuales sólo una me hace sentir completamente plena. 


Absurdo. ¿Quién, en su sano juicio, se somete a tanta vaina y masoquismo si no pretende acabar con su espíritu? Yo.


Hola a todos, soy Patricia y tengo tendencias suicidas. (Se escucha la respuesta de todos los miembros del gremio teatral venezolano: "Hola, Patricia".). 


He tenido situaciones insólitas desde ensayos de madrugada hasta dramones absolutamente innecesarios. Dicho sea de paso, he sacrificado ver a gente que no vive en este país por cumplir con mis obligaciones. Me estoy convirtiendo en una workholic de primera, pero como yo no trabajo en una oficina, entonces soy una intensa. 


En uno de estos días dementes que han transcurrido, pues como que mi celular no aguantó la presión y tuvo un intento suicida más efectivo: Se me cayó en lo que iba bajándome de un carro y ahora está desfigurado como Marisol, la de la novela. No tiene cara, o sea, no tiene pantalla. 


Es decir, ahora soy una forever alone del mundo, porque sin celular (maldigo a nokia, blackberry, motorola, samsung y apple) una  te es nadie. Entonces procedo a advertirle a las personas con quienes más me comunico, que mi celular tuvo un ataque kamikase y ahora es como la parte cubierta de la cara del fantasma de la ópera. No se lee ni medio mensaje... La pantalla está en blanco... en blanco. Mi celular se convirtió en un rubio de LA que está en blanco. 


Yo avisé por twitter, por facebook, por señales de humo, que mi celular murió... Sin embargo, sigo recibiendo mensajes y la fulana lucecita roja me atormenta la vida porque sé que alguien quiere comunicarse conmigo y yo no sé quién demonios es. 


Por supuesto, esto pasa en el día 28 de mi mes, cuando asumo que ya pasó el fulano Mercurio retrógrado (porque a mi las cosas buenas me pasan mientras el pana planeta está atravesado, no cuando ya pasó la vaina) y cuando tengo ochenta mil llamadas por recibir. Estando pues en esos días que los hombres no pueden mencionar porque no saben cómo hacerlo (por alguna razón les asusta la palabra "menstruación"), yo estoy un poquito más... más... proclive a explosiones e implosiones repentinas a lo Katy K-boom. O sea, que estoy pasada de marica y no razono con un poco de lógica (si es que en algún momento lo hago). 


Entonces la fulana lucecita roja me aturde, me aturde en serio, y yo, en lugar de pensar que puede ser alguna de las actrices o actores, directores, asistentes o afines de alguna obra, que puede ser alguien que necesite de alguna información, alguien con quien me haya comunicado con frecuencia últimamente, no... Yo me pongo a pensar en que, como Murphy me ama, esa lucecita roja implica un bootie call... Porque una te es así de absurda. 


Entonces cada vez que el perol ese vibra, porque ni siquiera es que lo tenía con sonido cuando intentó matarse (fue un intento de suicidio silente), yo no tengo ni idea de qué es lo que me está llegando. Ergo, empiezo a ponerme creativa y pensar que el ser (que no es el de mi vida, obvio), me quiso escribir. Claro, bellísima, porque el pana que nunca escribe va a escribir cuando tú lo invocas con la mente. No reina, no funciona así y ya lo sabemos. 


Es alguien mandando una cadena que dice que hoy es el día de la pestaña y se acordó de tus pestañas. Esas pasjuatadas del bootie call contigo no pasan, no tan seguido al menos. No mi reina, eso fue un tweet que alguien puso de favorito o un "like" que alguien le dio a algún comentario. Alguien te agregó a algún grupo o alguien sigue preguntando si vamos a tener clase del taller en el mismo sitio de siempre, a la misma hora y por el mismo canal. 


No es un bootie call, chica. Porque tu no vives en el mundo de Gossip Girl. Tú estás aspirando más hacia Sex on the City, pero en verdad eres parte del elenco de una vaina así como The Middle, o de "Conversaciones con la Madre Sor Juana Inés de la Cruz",  una vaina en la que no te hay de eso que llaman Sex, y mucho menos on the City. 


En todo caso, que hay que cambiar de celular, a ver si recuperamos un poco las distracciones que me hacen ser un poco más rubia. 

lunes, 23 de julio de 2012

Ta-cho

Es legal. Yo tengo tiempo para muy pocas cosas, y de verdad, no he tenido ni un pestañeo para revisar este coroto virtual, y mucho menos escribir en él. 


El tiempo pasa volando, súper cliché pero es así. La semana pasada fue una demencia compuesta por siete días, unos más insólitos que otros, protagonizados por una palabra que ya me crispa los nervios y por actitudes que hacen que una te dude sobre seguir en el "chou bisnes" (show business para los entendidos). 


Los pocos tiempos para respirar los dedicaba a revisar twitter para ver cómo iba la vida en el mundo, y para chismosear las actualizaciones de mis contactos en el teléfono, porque sentía que no los veía desde hacía diez años. 


Y la maña se me quedó en este inicio de semana. cuando me dispuse, después de unas merecidas horas de sueño, a levantar mi teléfono, desenchufarlo de su cargador y revisar las actualizaciones de mis contactos. 
Entonces leo lo siguiente: 


"Orgullosa ex-teresiana desde hace 10 años." O algo por el estilo, de una de mis ex-compañeras de colegio. 


Ya va.... ¿Qué? Tacho, tacho, tacho... ¿De verdad dejé de hablar con mis contactos por tanto tiempo? ¿10 años?


Y majomenos, ¿en qué demonios momentos se fueron esos diez años? Ta-cho. Yo todavía me acuerdo de la llorantina que armamos todas porque no me dejaron leer el discurso que yo quería leerles el día del acto (que le hubiera dado un coma a cualquier diabético, pero en el momento, yo era cursi y le decía a la gente lo especial que era, porque era adolescente, pues), yo todavía recuerdo nuestros "cuartos de hora" de quinto año, que, básicamente, consistían en robarnos el radio y escuchar música o lo que fuese. Las líneas de conga que bailábamos en primero de humanidades, la manoseadera que yo tenía con mis amigas frente a las monjas, sólo para sacarles la piedra...


Chica, yo todavía me acuerdo de los nombres de los amores y dolores de casi todas mis compañeras (las amigas) de bachillerato. 


¿Cómo así que yo me gradué hace 10 años de bachiller? Pero, ¿quejeso? Santa Teresa de Jesús (motivo de la existencia de las teresianas y disfraz de alguna profesora todos los años durante el pregón) decía: 


Nada te turbe 
Nada te espante
Todo se pasa
Dios no se muda
La paciencia todo lo alcanza
Quien a Dios tiene nada le falta
Sólo Dios Basta. 


(La teresiana que haya leído esto y no haya cantado la canción en su cabeza, perdió esos reales, les voy diciendo desde ya) 


Tacho, Teresita, tacho. Dios me abandonó al dejar que envejeciera. Todo me turba al pensar que han pasado diez años, una década, desde que yo dejé ese colegio. Nada se pasa, jeva. Nada se pasa porque este trauma de sentir que se me cuartea la piel es cabilla, ¿oyó? Coño, Teresa, para ti es fácil decirlo. Tú eres doctora de la Iglesia, y vaina. Tú eres inmortal, pana. Pero ¿y yo? Yo soy la pana que hablaba de la monja mocha en el colegio, de ahí no salgo. 


Si la paciencia todo lo alcanza, pues me vas dando bastante de esa para esperar la pastilla que me dé la eterna juventud. Porque eso de que diez años se fuesen así, tan de golpe, yo te digo de verdad... Es como una falta de tacto de parte de tu pana, el que sólo basta. 


Si yo todavía me acuerdo del libro de vida, la madre Francisca, la madre María Rosa intentando que una te medio cantara "Aprendiz de Paloma" y de la madre Aurora gritando "Rémoras". Pana, yo todavía tengo fresca la rebeldía de usar la falda por encima de la rodilla, sólo por joder. Tú me tienes que estar jugando una muy fea, Teresa. Porque el tiempo pasó muy rápido y yo ni cuenta me di. 


Y para colmo de males, ya yo en trauma histérico por esta vaina, me doy cuenta que una de mis sobrinas (culo limpiado de por medio y cambiada de pañales respectiva), ya tiene cédula


Tacho, pana, tacho. Bájenle dos al mundo, que nos vamos a estrellar. 

domingo, 8 de julio de 2012

Escena de ex-novia psicótica



Yo no entiendo muy bien cómo es que funciona el cosmos. Yo ya he hablado en este lugar sobre el desequilibrio cósmico que existe por culpa de Brangelina (y ni me quiero imaginar la catástrofe que se avecina cuando esos dos tengan su rumbón de matrimonio), pero cada día la lógica universal a mí se me hace como más absurda. 


Resulta que uno siempre está inconforme. Que si estando aquí no quiero estar, que si estando afuera se me explota el tricolor patrio, que si tengo trabajo me da fastidio, que si no tengo trabajo, no tengo nada qué hacer. Error


Yo renuncié a uno de los trabajos que tenía apenas volví de mis andanzas inglesas. Renuncié porque ya no podía más. Renuncié porque eso de trabajar y que no te reconozcan, es como bien chimbo. Entonces los primero días tenía una angustia mental terrible porque no iba a tener suficientes cosas para hacer. Y entonces todo el universo confabuló, y ahora no tengo tiempo para nada. 


Pero eso no es lo que me lleva a escribir hoy. Después del fulano episodio con Picaporte González (cada vez que lo digo suena el "turu ruru turu ruru" de Twilight Zone), he seguido con mis labores de producción, haciendo lo que se puede en un país de dementes donde no hay ni para donar anime. Entonces hacer producción se convierte en una película acompañada por música épica de Hans Zimmer, o en una obra del teatro del absurdo: porque, básicamente, no se consigue nada con facilidad. 


Entonces yo me stresso. Implosiono, a decir verdad, porque no digo que me stresso, y eventualmente, tengo escenas dignas de una exnovia. Es decir, me peleo con todo el mundo, ando de mal humor, nadie me entiende. Es como si estuviera en PMS todo el mes. Terrible. 


Y en uno de esos ataques histéricos, después de haber peleado con un pana (que de verdad, yo te digo, la conversación fue bien bélica y digna de pareja, sólo que en serio es imposible que pase por demasiadas razones), me caché en ese momento ex-novia psicótica. A saber: estaba esperando que el pana pusiera algo en el FB para poder cuaimatizarme más, borraba la conversación que tenía con él en el celular con toda la intención de que "se enterara" de que la estaba borrando.... Hay que ver que uno sí es idiota. 


¿Por qué será, digo yo, que una te hace eso, chico? Una te borra el mensaje de celular, pulsa esa tecla de "delete" y mira esa pantalla con tal odio como si se tratara del botón de autodestrucción del ser en cuestión. 

"Maldit@, maldit@, maldit@. No te voy a responder hasta que te arrastres" (esto va a acompañado de un grito histérico y un leve movimiento de lengua o presión en los dientes). 


Panita, hija de mi vida, mi misma en cuestión: la persona nunca se va a enterar de que estás arrecha con ella a menos de que la dejes de seguir en Twitter o lances una punta por esa vía. Nunca se va a arrastrar.


Sin dejar de mencionar la piquiña adolescente que entra en los dedos por publicar mensajes que a nadie le importa, cualquiera de las vías 2.0 es válida. Pero una te es digna, y sólo se dedica a mirar continua y ridículamente las actualizaciones del perfil, a ver si eres lo suficientemente importante como para que el resto del mundo sepa que tu pana se peleó contigo. Lo que se te olvida en el momento, es que el pana también es digno, y que antes muerto que sencillo, pues. Y no se va a poner como el resto de la humanidad, publicar cosas como: "Hoy es viernes yessss" (sí, sin coma). 


De verdad que la mayoría de la gente tiene un complejo de Rebeca Black por ese BB. Y entonces uno medio se reconcilia con el pana, sólo por el hecho de que no le pone un asterisco a su nombre o la carita con las pestañas, o porque simplemente no anda poniendo esas fulanas fotos de fondo negro con frases de Arjona y Coehlo en Times New Roman. 


Yo de verdad te digo que estoy llegando bajo. O sea, ya como no tengo con quién pelear, me peleo con los contactos del celular, ni siquiera con la persona en cuestión. Diría un sabio profesor de misses: "Psicóticas, todas los son." Y es que no, no te hay remedio, chico. Cuando las cosas no te salen como quieres, no te hay remedio. Pero basta, basta con que a uno algo le salga bien para entrar en pánico. 


Y es que es eso. Estoy como en pánico paralizante. Sustico, para alivianar un poco la palabra. 
Tengo tiempo sin saber moverme para ninguna parte, y por eso mi celular sufre las consecuencias. 



miércoles, 27 de junio de 2012

¿Esto es en serio?


Ok, lo que me acaba de pasar raya sobre lo absurdo, o bien acabo de ser protagonista de un capítulo de Lost. 

Resulta que este año eso de la actuación como que no se dio demasiado, entonces estoy produciendo. Y en esta ardua labor, pues toca tener que llamar a diferentes sitios, ser encantadora y hacer que todo suceda. En una de las obras que estoy produciendo, se necesitan pelucas para las actrices. Vale muy bien, que estoy buscando a Rapunzel para cortarle todo su cabello y conseguir de allí las pelucas que necesito.

Entonces llamo a un sitio llamado Hair Center de Venezuela. Y sucede la siguiente conversación: 


Él: Pelucas 2012, buenas tardes
Yo: Buenas tardes, ¿me comunico con Hair Center de Venezuela?
Él: Sí, en efecto. 
Yo: Hola, buenas tardes, estoy llamando porque soy la productora de la nueva obra de la actriz tal... y necesito hablar con alguien de mercadeo para hablar sobre una posibilidad de intercambio. 
Él: Ajá, dígame. 
Yo: ¿Hablo directamente contigo, o existe una persona para el área de mercadeo? 
Él: Conmigo, directamente. 
Yo: (Risa de puta que necesita algo) ¿Me das tu nombre, por favor?
Él: Picaporte González
(Patricia respira hondo y aguanta la risa). 
Yo: Hola, qué tal. Te estoy llamando porque como ya te dije, estoy produciendo la nueva obra de la actriz tal, y necesitamos cuatro pelucas de cabello natural para la pieza... 
Él: ¿Pero tienes los cadáveres?
(Patricia respira aún más hondo, pero ahora ríe nerviosamente para sus adentros, pensando que en cualquier momento alguien le va a llegar por detrás para matarla). 
Yo: ¿Disculpa? ...No... 
Él: Nosotros sólo trabajamos con cabello natural extraído de cadáveres. Cuando tengas el cadáver, me lo traes y te hacemos la peluca.
Yo: Ah... Vale... Muchas gracias

...Click....


Patricia se queda un rato viendo el teléfono convencida de que acaba de hablar con Bart Simpson y ella es Moe. Patricia piensa que lo que acaba de sucederle es insólito y que le acaban de mamar gallo, pero del bueno. Patricia escribe este post y luego piensa... "Coño, no es tan decabellado (oportuna la palabra) que eso se haya convertido en un negocio con el poco e gente que se muere todos los días.". Patricia investiga que, de hecho, hay pelucas hechas de gente muerta (y se escucha el susurro de "I see dead people"). 


Entonces todo deja de ser tan sospechoso hasta que recuerda el nombre del pana que le atendió: ¡¿Picaporte?! Esto definitivamente es una nueva estrategia para rechazar un patrocinio, pues. 


"Cuando consigas el cadáver te hacemos la peluca". Deja que voy un momentico al mercado y te los mando... 


¡Brother!¿Qué carajo acaba de pasar? No quiero volver a llamar a ningún sitio de pelucas. 


Patricia está en pánico. Patricia no entiende en qué momento empezó a sonar la música de Nuestro Insólito Universo.  

domingo, 24 de junio de 2012

Not Defying Gravity

Creo que muchas personas saben que yo tengo un pegue absurdo con un musical llamado Wicked. El que trata sobre la bruja verde del Mago de OZ. Bueno, una de las canciones que ella canta se llama Defying Gravity (Desafiando la Gravedad), y, está demás decirlo, yo amo esa canción. Me he obsesionado tanto con el fulano personaje que hasta hace un tiempo, mi usuario de twitter era "elphie_1510". Ya no, porque eso es muy de principios de siglo. En todo caso, que ese personaje se la pasa desafiando la gravedad, y yo, cual adolescente enclosetada que todavía te soy, asumí esa canción como uno de los himnos de mi vida. Hasta hoy: Hoy no desafié la gravedad, hoy la abracé con cada una de mis extremidades. Me caí. 


La verdad es que yo tenía años que no me daba un mamonazo como el que me di esta mañana. Digamos que mi cuerpo tenía la hermosa costumbre de hacer más que evidentes las leyes de la gravedad, al menos una vez al año, cuando yo era joven y lozana. Sigo siendo lozana y joven, pero antes lo era más pues. 


Recuerdo que una vez iba llegando al colegio, una de esas pocas veces en que estaba llegando justo a tiempo para que no me mandaran a esperar quince minutos en la biblioteca por llegar tarde. Porque en mi colegio existía una cosa tal llamada "cuarto de hora de oración". Los primeros 15 minutos de tu día los destinabas a rezar, y si llegabas tarde, pues... No te dejaban hacerlo. Qué castigo. Yo siempre llegaba tarde. 


El asunto es que un día iba llegando temprano, por cuestiones milagrosas de la vida y el tráfico, y hasta estaba fresquesita y limpiecita como un sol. No estaba tan dormida. Y en eso, no veo un montón de hojas espaturradas y babosas en el piso y zácata, rodé... Con falda, sin short por debajo, rodé. Tenía una hermosa banda a lo Miss Venezuela, pero hecha de barro, que me cruzaba toda mi chemisse azul. Recogí mi dignidad del piso, me sacudí la vergüenza de la falda (y de las pantaletas) y comencé a caminar cojear hacia el inevitable destino que implicada empezar las mañanas a las 7:30. 


Mi madre no iba a permitir que su hija anduviera como una mamarracha por la vida (pobre, no sabía lo que le venía) y me mandó a montarme en el carro de nuevo para volver a la casa y cambiarme. Volví a perderme mis 15 minutos de encuentro con la monja que creía que era lesbiana. 


Y luego de esa caída, de los raspones respectivos en el brazo y rodillas, descubrí que desde pequeña, a mi cuerpo le daba por ver qué tan cierto era eso que decía Newton con su fulana manzanita. Porque al menos una vez al año yo iba pa'l piso. El más humillante fue cuando me caí disfrazada de dama antañona en tercer grado. Porque se me fue el glamour. Un signo del destino, ahora que lo veo. Y una metáfora completa digna de una tarjeta escrita por Paolo Coehlo: 


Si te caes, dejas la dignidad en el piso y la gracia se va de tu vida. Pero levántate y sigue adelante con la frente en alto. 

Claro, sobre todo cuando levantarse implica cojear por un rato y deshacerse de las méndigas hebras de hilo que se te incrustan en tu piel al rojo vivo. Pero eso, que hoy me caí. Y me caí de la manera menos grácil posible. Me tropecé con un escalón que no vi (eso me pasa por estar despierta un domingo a las 9:00 am) y hasta ahí me llegó la dignidad. Hasta el agua que tenía en la mano salió volando de la vergüenza. 


Al menos estaba sola. Nadie vio el espectáculo y me mantuve digna hasta que llegué a mi casa.  Pero esa linda sensación del raspón que arde durante todo el día y que te recuerda a tu infancia me la podría haber saltado. Lo que sí sigue siendo vigente es que el dolor no se me quitó sino hasta que mi mami me dio un beso en la rodilla (inserte aquí voz de "Boo", la de Monsters INC). 


Hay cosas que uno, simplemente, va a llevar toda la vida en el cuerpo. Y la atracción hacia el piso parece ser una de ellas. 

lunes, 18 de junio de 2012

Beware of the angry bitch


Pues resulta que yo estoy en un curso de locución porque ya varias personas han tenido algo que comentarme sobre mi voz, entonces yo decidí hacerle caso a mi público fanático-histérico, y probar a ver qué tal me va. 


Entonces me doy cuenta de lo afortunada que fui al estudiar la carrera que estudié, donde la estudié. ¿Por qué? Bueno, porque, en principio, sé hablar. Vale, que soy la única comunicadora social de mi grupo y que no todo el mundo sabe cómo se maneja el lenguaje comunicacional, vale, te lo entiendo. Pero que digan oGsesión (en lugar de obsesión) o perceCción (sí, en lugar de percepción)... Coño, eso le causa un ataque de epilepsia a la mariposa que tengo tatuada en el cuello (en serio, la jeva como que entra en crisis y quiere salir corriendo y tiembla). 

Entonces yo le agradezco a la gente que me educó allí, y por supuesto a los ejercicios de dicción que me hicieron en la secta. Pero yo no vengo a hablar de eso, porque en serio podría destinar unos cuantos posts a burlarme de algunos personajes, y ya eso puede que venga más adelante. 

Lo que para mí resalta de todo esto es un comentario que me hizo uno de los profesores del curso: 

"Es que Patricia tiene cara de cuaima". 

...

Ochocientos puntos suspensivos, todas las cejas tan arriba que me llegaron a la nuca y una respectiva volteada de ojos después, yo me pregunto: ¿Majomenos? Y entonces vienen a mí comentarios del pasado que puede que tengan que ver con el asunto: 


"...es que cuando yo te vi a ti, lo primero que pensé es que eras impenetrable" (sí, impenetrable, as "no se puede penetrar", as... "nadie te va a comer"). 

O sea, que Berlín es un bebé de pecho a mi lado, según me dijeron en algún momento. 

Ay, coño... 

Entonces decido compartir el respectivo comentario con el ventiúnico ser masculino del curso y me responde, con cara de pánico: "sí, tú tienes cara de arrecha". Bolsa. 

Ehh...¿Gracias? ¿Perdón? ¿Permiso? 

Me perdí. Yo pensaba que yo era un osito panda que estornuda y hace reír a la gente. Y al parecer lo que tengo colgado en la frente es un cartel que dice "Beware of the angry bitch". 

Nada... Que cuaima, así, que tú digas cuaima, no te soy... Porque eso es como jodido cuando uno no tiene con quién serlo. Pero de todas, todas... Hay algo en mi cara que asusta, por lo visto. 

No sé si será mi obsesión con las brujas lo que ha generado esta perceCción del mundo. Más bien yo creía que tenía una cara de pendeja bien administrada. 


viernes, 15 de junio de 2012

Castigo divino





No tengo internet. Mi internet siempre ha apestado, pero esto ya es el colmo. 
Es decir, tuve que recurrir a medidas extremas para poder postear y ahora estoy sentada al lado de un bebedero de un centro cultural de esta ciudad, donde finalmente consegui un enchufe y hay WiFi gratuito. Pero ya tengo el culo chato (y hay que echarle muchas para que eso suceda) de estar sentada en este murito de ladrillos. 


Y después me preguntan que por qué no creo en Dios. ¿Cómo es posible que ese pana, si existe y quiere lo mejor para sus hijos, me haga esto justo cuando tengo tantas vainas por hacer? 


La vaina empezó mal desde el principio. Yo, cuando era chiquita (no me acuerdo a qué edad y no voy a poner ninguna para no andar echándomelas de niña índigo) le preguntaba a mi mamá que cómo era eso de que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Nunca me supo responder. 


Si la vaina es así, coño... Deberíamos ser perfectos. Claro, que la palabra semejanza implica un "parecido a" y no un "exacto a". La gran cagada, yo te digo. Porque si la vaina es que nos parecemos a ese ser, entonces qué triste que en un solo ser estén metidos los terroristas, monjas, voluntarios, violadores, delincuentes, niños, viejos, alegres y sádicos de todo el mundo... Por decir lo mínimo. 


Coño, es que con razón nos estamos volviendo locos. Si somos todo eso al mismo tiempo, qué difícil es tener una personalidad definida y no perder la cabeza en el intento. Yo, honestamente, creo que si ese pana existe, el carajo no fue que se fue a descansar al séptimo día, sino que se ladilló y dejó al ser humano a la mitad. No hay de otra. O simplemente dijo... "bueno, qué carajo, esto es lo que pasa por pretender hacer un ser de barro." No era muy buen ceramista, por lo visto. 


Y es que no puede ser que haya inventado seres tan inteligentes y brutos al mismo tiempo. No puede ser que las bestialidades y bondades estén al mismo tiempo en el mundo, pues. Ese pana es sádico, bipolar, esquizoide y con síndrome de personalidades múltiples, a mi modo de ver. Y más lo es porque crea seres inteligentes que hacen inventos increíbles como el Internet, pero que al mismo tiempo, inventan el 3G de digitel, que no sirve para media mierda. 


Yo creo que el Internet en mi casa no sirve por simple castigo divino. Porque justo donde estoy, no llega nada, entonces uno se conforma con la antenita balurda esa que se daña si la miras feo. No pana, esto no es un acto humano, éste es el principio de mi condena eterna.